Mototerapia

Con la infalible puntualidad a la que me tiene acostumbrado, estoy pasando estos días por el tradicional gripazo de otoño que además este año pega más fuerte que nunca (debe de ser la edad), de esos que a ratos te sientes con un pie en el otro barrio, agarrado a un pegajoso pañuelo y casi esperas a que venga la de la guadaña y se te lleve para terminar con tanto sufrimiento, cual tragedia griega. En fin… aguantar estoicamente es lo que queda.

Mototerapia
Autor: Luis Polo

Para colmo los primeros días, que suelen ser los peores, me tocó currar… para bien y para mal porque como suele pasar, después del sobrehumano esfuerzo de poner el pie fuera de casa, cual penitente en solemne procesión, es subirse a la moto, empezar a andar y todos los males desaparecen o por lo menos se mitigan.

Creo que a casitodos los moteros nos pasa lo mismo. No sé si es que somos la clase más baja de frikis que hay sobre la faz de la tierra o es que la ciencia todavía no ha descubierto las excepcionales propiedades terapéuticas de la moto pero es empezar a andar en ella y tanto el cuerpo como la mente empiezan a autocorregirse de forma casi inmediata.

Ni aspirina, ni frenadol, ni aloe vera, ni hostias en vinagre; moto por prescripción médica o por automedicación. No hay nada mejor.

Aún así, recordad que tanto por higiene como por seguridad, en procesos gripales lo ideal es conducir con un casco modular y llevarlo abierto aunque haga frío. Un estornudo en estas condiciones puede convertirse en un tsunami de color verde dentro de un casco cerrado y el remedio puede ser peor que la enfermedad.

Y lo mismo pasa con los problemas emocionales; una bronca, una mala noticia, se te muere el canario… la receta es la moto.

Esta entrada tiene 4 comentarios

  1. mi nombre Paco y soy ciego desde nacimiento, y la verdad es que de cuando en cuando, subo en moto, y es una maravilla.

    1. Hola Paco. Me alegro especialmente de leer este comentario y te agradezco que lo hayas hecho. Me hace feliz ver que la gente disfruta de la sensaciones únicas que da ir en una moto y más aún si es con valentía añadida.
      Muchas gracias y un fuerte abrazo.

      1. bueno, confieso, que ya tengo casi 62 años, y gracias a un buen amigo, cada cierto tiempo, o sea, cada más o menos mes o dos meses, viene a mi casa, y nos damos un paseo. Desde luego, aunque voy de paquete, yo disfruto mucho.

        1. Pues me alegro de que tengas un tan buen amigo que te enseña algo tan maravilloso, Paco. Tener un amigo motero es lo mejor que le puede pasar a cualquiera 🙂

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