Banca Personal Independiente. ¿El Futuro de la Banca?

Con toda probabilidad, el futuro de la banca, tarde o temprano, será algo muy diferente a lo que conocemos y los bancos, serán algo muy distinto a cómo los concebimos hoy en día.

Vivimos indudablemente en la era de la revolución tecnológica y hay tantos cambios en ese sentido, muchos de ellos de gran trascendencia, que a veces llegan casi sin enterarnos.

Internet es uno de los mayores hitos de la humanidad. Casi todos los que estamos aquí lo hemos visto nacer y ha cambiado por completo nuestro mundo y nuestra forma de vivir.

Nos tocó formar parte de una época apasionante que se estudiará en los libros de historia. De nosotros dependerá cómo la gestionemos.

Banca Personal Independiente

Estamos viendo el inconmensurable poder que están adquiriendo las grandes empresas del sector, como Google, Amazon, Facebook…, y cómo poco a poco están ampliando su abanico de acción a sectores que poco o nada tienen que ver con lo que en un principio se les suponía, a pesar de ser empresas de muy reciente creación.

El sector inmobiliario tiembla ante el rumor de que Amazon entrará en él y Facebook ha anunciado recientemente la creación de una moneda propia.

Por su parte, en todo el mundo occidental, es raro el día en que cualquiera de nosotros no utilice alguna herramienta «gratuita» de Google que nos facilitan la vida enormemente con cosas, a priori, inocentes.

Y ahí está la clave.

Tanto el sector inmobiliario como la banca (directamente relacionados), han normalizado y legalizado, dada su omnipotencia hasta ahora, un funcionamiento basado en una trasnochada y ya desmedida y codiciosa usura que ha quedado completamente obsoleta.

Se han enriquecido a base de crear una cantidad de vivienda que no se necesita, a un precio de venta desmesurado con respecto a su valor real, algo que todo el mundo sabía que era insostenible. Se vendían a personas que se sabía que no las iban a poder pagar, para así quedarse con la hipoteca, y además con la casa, y por detrás, haciendo dinero con las famosas «subprime», que no era otra cosa que hacer dinero a base de vender humo.

Es un sistema completamente ficticio en el que la oferta no se corresponde con la demanda real, ya no sólo por la cantidad si no por el valor.

No olvidemos el caso de Lehman Brothers. No fue una quiebra por una simple falta de fondos. Ante una auditoria, eran tan enrevesados los beneficios provenientes de la compra y venta de productos financieros que ni ellos mismos fueron capaces de trazar el origen de los mismos.

En resumen, se estaban enriqueciendo desmesuradamente sin producir absolutamente nada útil para la sociedad.

Lo que está claro es que es un sistema podrido en manos de gente irresponsable, o simplemente incompetente.

No han sabido adaptarse a la realidad en la que vivimos.

Nada de esto convierte a las nuevas grandes empresas en santas y beatas, ni mucho menos, pero la diferencia es que aportan algo a cambio. Es decir, hay una oferta-demanda real.

Hoy está en boca de todos nuestros problemas de privacidad en Internet, sin embargo es lo que hace que Google, por ejemplo, nos ofrezca tantos servicios gratuitos o a precios irrisorios.

Lo que se está llamando Big Data, es decir, nuestros datos personales, es el nuevo valor de la economía global.

Puedes venderlo o no (aunque no tienes muchas opciones, en realidad).

Y de aquí parte mi hipótesis:

Es cuestión de tiempo que una de estas empresas, o cualquier otra del estilo de la que aún no hemos oído hablar, cree un sencillo sistema bancario. No como un banco virtual al uso, que ya existen, si no como una sencilla aplicación.

Al principio, todo el sistema se echará la manos a la cabeza ante augurios apocalípticos pero no necesitarán más que estar bajo la supervisión, en nuestro caso del Banco Central Europeo y del Banco de España, con las medidas de seguridad de cualquier aplicación bancaria actual.

El nicho de mercado es inmejorable.

Podrán ofrecer créditos con intereses mínimos y hacer inversiones sostenibles porque estarán comerciando exclusivamente con nuestros datos personales y nuestra solvencia económica.

Qué más puede querer una empresa, por ejemplo de coches, no sólo saber si te interesa su producto, si no además si tienes el dinero para comprarlo.

La información es de un valor incalculable y a cambio, te ofrecerán un crédito con condiciones inmejorables.

La tradicional competencia sigue enrocada en un sistema completamente improductivo e insostenible que aunque quisiera renovar no va a llegar a tiempo, y además, con una reputación por los suelos.

En países como España tardará más en llegar. Internacionalmente se sabe que aquí, las normas bancarias las regulan indirectamente los bancos a través de los gobiernos por el clientelismo y además, la ley es ambigua y provoca arbitrariedad jurídica.

La prueba está en que en pocos países de Europa hay tan pocos bancos extranjeros como aquí.

Pero no tardará demasiado en que para acceder a nuestro dinero, se nos pregunte si queremos acceder mediante nuestra cuenta de Google… si no es la propia Google quien lo guarda.

El cambio se podrá retrasar más o menos pero llegará.

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