Un CSIC Fuerte para Atajar Muchos Problemas

Al título de este artículo de un CSIC fuerte para atajar muchos problemas, hay que añadirle que no se refiere sólo a problemas del futuro, sino también del presente y además, muy inmediatos, y también, como un generador indirecto de riqueza para la población.

Hay, en origen, dos problemas paralelos al tema que nos ocupa en este artículo. Por un lado, la tan manida noticia de la fuga de cerebros (los científicos y tecnológicos son los que nos ocupan hoy) que sufre este país, y por otro, la «misteriosa» institución que es el CSIC para la mayor parte de la población.

La mayoría de nosotros hemos oído hablar (o eso espero) del CSIC y, más o menos, sabemos que hay un en él un montón de científicos trabajando en gran variedad de temas, y que es una institución pública. Punto y final a nuestro conocimiento sobre el CSIC.

Está muy de actualidad en el momento de escribir este artículo decir que si está institución tuviese el poder que debería dentro de su campo, otro gallo cantaría frente a la pandemia del coronavirus y a como la estamos afrontando, tanto la población como los profesionales sanitarios, pero no es a eso a lo que quiero dedicar el artículo, sino a algo mucho más amplio que una institución como esta merece.

Un CSIC Fuerte para Atajar Muchos Problemas
Foto: Mark Mags en Pixabay

Si miramos el organigrama que el propio CSIC publica en su web (clic aquí para verlo) no vemos nada raro; esta todo bien y correcto y nos hacemos una idea de como funciona. Hay consejerías, gabinetes, secretarías, vicepresidencias… pero si miramos un poco más allá y nos fijamos en lo que falta, veremos un problema muy arcaico pero muy enraizado en la cultura europea; no hay ningún cargo o gabinete de importancia que mire hacia «abajo», hacia la población.

Si seguimos investigando en su web veremos que efectivamente tienen muchas iniciativas de divulgación, no pretendo aquí negarlo, pero no sirve de nada si no se ofrecen a la población de una forma activa, llamativa y atractiva.

Hace poco he descubierto que el CSIC tiene su propia editorial y me he alegrado de que, ya después de haber leído algunos de sus libros, su calidad es extraordinaria y es innegable que están escritos por excelentes profesionales, no solo como científicos sino también como escritores-divulgadores.

El problema es que he descubierto su editorial por casualidad y de rebote. Muchos de sus libros (la mayor parte de los que me interesan a mi) no los puedo comprar porque aparecen como agotados, y para colmo, hacer clic en uno de ellos te puede dar una alerta de seguridad en tu navegador.

Hoy en día las cosas no pueden funcionar así y además es un lastre para la propia institución, para la comunidad científica, y por extensión para la población en general.

En el mundo en que vivimos, las grandes instituciones, ya sean públicas o privadas, tienen que venderse; no a los políticos sino a la población. El que genera interés y atractivo en la población se lleva la pasta, porque eso beneficia de rebote al político.

Todos los políticos esconden la cabeza mientras se nos van ingentes masas de recursos humanos valiosísimos buscando futuro en otras latitudes, y sin embargo mueven cielo y tierra para que un equipo de fútbol tenga un estadio nuevo.

Con todo esto no quiero decir que la culpa sea necesariamente del mismo CSIC, al fin y al cabo es una institución pública dependiente de fondos públicos. Probablemente lo sea más de la excesiva dependencia y esclavitud que tienen las instituciones de este tipo para moverse libremente fuera del control político.

Traemos de serie la noción de que la ciencia es algo aburrido sin embargo, a muchos nos gusta leer cosas sobre Einstein o Stephen Hawking, y se nos llenan los ojos cada vez que vemos algo que lleva encima el logo de la NASA, o la cara de Elon Musk y su Space X o su Tesla.

Vendiendo (publicitariamente hablando) cosas espectaculares a la población, aunque tengan poco calado, se financian otras de más calado pero quizá menos atractivas.

En España es muy fácil ver a alguien con, por ejemplo, una camiseta de la NASA pero difícilmente verás a alguien con una camiseta, no ya del CSIC sino de la ESA, principalmente porque todo el mundo sabe lo que es la NASA pero muchísima menos gente sabe lo que es la ESA (la Agencia Espacial Europea).

Esto no es culpa de la población ni de ninguna conspiración ni de imperialismos ni nada por el estilo. Es, como en muchos otros aspectos, una marca que, aún no siendo privada, ha sabido venderse para conseguir ingentes cantidades de financiación aún en sus momentos más difíciles.

Se ha estado hablando en los últimos años de crear en España una especie de Silicon Valley. Si dejamos un proyecto así en manos de los políticos no funcionará, con toda seguridad. Se planteará, con toda probabilidad, como un desarrollo urbanístico-industrial con beneficios fiscales y facilidades para las empresas, para que vengan.

Eso puede funcionar para un polígono industrial pero no para un proyecto de estas características. Silicon Valley se creó a raíz de una iniciativa universitaria, concretamente de la Universidad de Stanford en la que el desarrollo tecnológico y comercial se nutre de una cantera de recursos humanos bien formados, con iniciativa y perspectiva de futuro.

La clave, a mi parecer, es que no se puso una financiación o unas facilidades fiscales para fomentar la investigación y el desarrollo, sino que se fomentaron unas condiciones para que la investigación y el desarrollo fomentaran el beneficio comercial, lo que a su vez genera el interés de otras empresas para establecerse y participar del beneficio que generarán esas iniciativas tecnológicas o científicas con su participación en las mismas, ya sea por competitividad o como empresa auxiliar.

Esto puede parecer un alegato en favor del capitalismo pero es la adaptación a la realidad que nos rodea. Nos guste o no, vivimos en un mundo capitalista y ver con recelo que haya en una iniciativa una finalidad comercial nos hace quedarnos siempre en medio de ninguna parte y no salir nunca de la mediocridad industrial.

Esperar a que todo lo grande se financie o se facilite mediante incentivos fiscales, lo único que crea es socialismo para las grandes empresas y capitalismo salvaje para las pymes, que somos las que ponemos el dinero para que se incentive a las grandes, y no se nos perdona ni se nos ayuda porque hace falta mucho dinero para cubrir ese enorme agujero fiscal.

¿Qué tal si les fomentamos un buen resultado en vez de un buen inicio?. Por suerte aquí, las condiciones laborales y sociales están, en mi opinión, mejor reguladas que allí. Quizá podríamos hacerlo incluso mejor.

Creo que el CSIC, además de todo lo que comentamos en la primera parte de este artículo, sería perfecto para que, en conjunción con universidades y centros de formación profesional, primero planifique y luego participe activamente en la creación de una iniciativa de esa envergadura.

Es sólo un ejemplo de muchas otras iniciativas que se podrían fomentar. Tenemos recursos humanos con sobrada capacidad para hacer grandes cosas. Podríamos tener iniciativa propia por una vez, en vez de ir siempre a remolque de los demás países que no nos llevan a ninguna parte.

Una institución como está debería estar más presente en nuestras vidas y en nuestro entorno que los políticos. Debería de ser no sólo el referente en investigación que ya es, sino también un órgano consultivo y sobretodo emprendedor, de mucho más peso para muchas de las iniciativas que debería de tener el país para salir adelante por sí mismo.

En una era tan tecnológica, quedarse atrás en la investigación y el desarrollo y sin perspectiva comercial, es quedarse atrás en todos los aspectos del desarrollo económico.

Aún no hemos terminado de salir de una gran crisis y ya acabamos de entrar en otra. Todos queremos tener un buen trabajo para vivir con cierta dignidad y comodidad y no serán los políticos los que nos lo den. Creo que este sería el momento perfecto para dejar de quejarnos y de buscar culpables, y empezar a coger el toro por los cuernos para hacer cosas, pero de las de verdad.

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