El Secreto de la Felicidad

Si hay alguna cosa común a toda la humanidad (aparte de las necesidades básicas) es, con toda probabilidad, la búsqueda de la felicidad y el bienestar.

Solemos decir que no está bien juzgar pero todos somos jueces de lo que nos rodea y de los que nos rodean. Es algo inevitable. Nos viene de fábrica y quizá no sea buena idea negarlo. Más bien depende del uso que demos a nuestros juicios y de nuestra escala de valores.

El Secreto de la Felicidad
Foto: Luis Polo

Hay corrientes que dicen que nacemos siendo buenos y la sociedad nos estropea, otras que dicen todo lo contrario, y otras que nacemos siendo neutros en lo que respecta al bien y al mal.

Yo me inclino más bien por la tercera aunque con matices. Creo que todos nacemos con nuestro propio sistema operativo, único e individual pero sin programas preinstalados, y todo depende de que el software que instalemos sea compatible, y sobretodo, tener un buen antivirus y cortafuegos.

Lo que sí es seguro que es que, por un lado, ya sea en mayor o menor medida, nuestro entorno nos condiciona, y por otro lado, que dos personas que se crían en el mismo entorno y con la misma educación, pueden ser adultos radicalmente opuestos.

Hay personas que son buenas porque lo llevan dentro y hay personas que son buenas porque están educadas para comportarse así, aunque no sea su condición. Y viceversa con la maldad.

El tema no es fácil de analizar para nadie.

Sociológicamente me considero bastante pesimista. Creo que en occidente estamos creando sociedades perfectas llenas de gente infeliz o insatisfecha, pero convencida de que lleva la vida que debe o puede llevar.

Algo está fallando.

Para plantear mi opinión sobre qué aspectos deberíamos mejorar y cuales potenciar, me voy a tomar la libertad de hacer mi propia «Pirámide de Maslow» pero contando con nuestras virtudes y nuestro defectos.

Medios y Tecnología

Quizá esta sea la base del mayor problema actual.

Los clásicos y más conocidos análisis psicológicos jamás se podrían haber imaginado el poder que llegarían a tener cosas como la televisión, las redes sociales y la telefonía móvil con Internet. Todas de muy reciente creación.

Sé que es un tema muy manido el de los teléfonos móviles conectados a la red y nuestra dependencia de ellos pero es algo que en un futuro se convertirá en un problema cuyas consecuencias a largo plazo no estamos valorando.

Todas las generaciones durante toda la historia hemos pasado nuestra infancia tirando de imaginación para jugar y para ocupar nuestro tiempo libre y cuando nos aburríamos, pensábamos.

En nuestra generación (los que recorremos los 40 y algo más) ya teníamos el problema de la tele, sin embargo no la llevábamos en el bolsillo a cualquier parte y no siempre daban algo digno de ver.

La siguiente a la nuestra será la primera generación de la historia que de forma progresiva irá abandonando la imaginación, la creatividad y la sociabilidad para ocupar su tiempo libre y sin saber lo que es el aburrimiento, y como consecuencia, dejar de usar la mente como medio de entretenimiento.

Las consecuencias de ello están creando paralelamente una curiosa paradoja: cuando más fácil tenemos el acceso a la cultura y al conocimiento, lo utilizamos para ser todos más iguales y uniformes, en detrimento de nuestra personalidad.

Es el sistema perfecto.

A diferencia de lo que leímos en la novela «1984» de George Orwell o vimos en la película «Brazil» de Terry Gilliam, nunca habrá un gobierno o una corporación lúgubre y misteriosa que nos controle para crear una sociedad gris, aséptica y sumisa. Lo estamos haciendo nosotros por voluntad propia.

La creatividad y ciertas dosis de aburrimiento son ejercicios fundamentales para la formación de la personalidad.

Además, tanto Facebook como Twitter y las cuentas de Google que se abren por defecto al encender el teléfono, con los datos que tienen sobre nosotros, hacen que por ejemplo en las noticias de actualidad, nos llegue la información que concuerda con nuestras preferencias, provocando que oigamos sólo lo que queremos oír, sin tener un contrapunto o una versión alternativa de la noticia.

En realidad esto no está cerrado exclusivamente a Internet. Es igual que quien lee el periódico que sabe que le va a contar las cosas que quiere oír, o ve el canal de televisión que hará lo mismo

Así dejamos que se destruya nuestro espíritu crítico, que veremos un poco más abajo.

No sirve de nada preguntarse el por qué de las cosas si no te preguntas también el por qué no

En vez de razonar por nosotros mismos cuáles son nuestras convicciones e intereses, dejamos que piensen por nosotros y adoptamos los pensamientos ajenos como propios.

Sea como sea, cualquier tipo de dependencia nos quita libertad personal y la libertad personal es algo fundamental para la felicidad.

Además de todo esto, creo que no está suficientemente bien estudiado o, si es el caso, difundido, los beneficios que tiene sobre el cerebro escribir a mano en un papel.

El Bien y El Mal

¿Te acuerdas cuando el malo de la película era un tío repulsivo que sólo con verlo ya te caía mal?.

Si hoy hicieran un «remake» de «Harry el Sucio», Scorpio sería un guaperas con un harén de mujeres, con fiestas todos los días, un casoplón y un Lamborghini, y Harry Callahan sería un pringao anodino e infeliz que al final gana de chiripa.

Es lo que hoy vende pero es lo que hace que la línea entre el bien y el mal se difumine.

Cosas como esa son las que hacen que cuando nos enteramos de que un político metió la mano en la caja, digamos que cualquiera habría hecho lo mismo, porque los malos disfrutan de la vida.

Con los cuentos infantiles hace décadas que se viene haciendo algo parecido. Con la excesiva sobreprotección que damos a nuestros hijos (para según qué cosas), los cuentos infantiles se han ido edulcorando poco a poco hasta casi hacer desaparecer el mal de ellos.

El bien pierde su valor si no hace oposición al mal como un martillo. La diferencia debe estar claramente definida. Si no es así no hay donde colocarlo en una escala de valores que se está formando.

Se suele decir que el bien y el mal son cosas subjetivas. Yo creo que tienen matices subjetivos pero en sí, el bien y el mal son cosas muy objetivas y todos, seamos como seamos, sabemos perfectamente qué cosas están bien y qué cosas están mal.

Para esto me viene al pelo volver a tomar como ejemplo a Harry Callahan. No sigue las normas y trabaja de forma dudosa, eso serían los matices subjetivos, sin embargo lo hace para conseguir un bien mayor; para acabar con el mal a su manera, sea como sea.

La memoria y el subconsciente son herramientas muy poderosas y con mucha capacidad. Lo que no guarde una lo guardará la otra y tanto las cosas buenas como las malas, van llenando nuestra mochila.

Sociabilidad

La sociabilidad es uno de los elementos básicos para conseguir la felicidad. La soledad puede ser llevadera pero no hace feliz a nadie que tenga el puzzle de la personalidad bien compuesto.

Sin embargo una mala interpretación de lo que es la sociabilidad puede hacer que sea peor el remedio que la enfermedad.

Hay tantos grados de sociabilidad como de personalidad. No todo el mundo tiene las mismas necesidades sociales. Hay personas que necesitan amigos y hay otras personas que no necesitan más que a la familia, e incluso dentro de esas dos opciones, hay diferentes grados.

Influir en una persona para que socialice de una manera que no es la suya, crea gente infeliz.

Todos necesitamos algún grado de contacto humano pero cada uno a su manera. Sentir que la socialización en grupo es un deber puede tener consecuencias tan negativas como no socializar.

Posiblemente este sea un matiz más subjetivo que el del bien y el mal, que viene del viejo instinto de pertenencia a una tribu.

Todos nosotros alguna vez hemos visto y muy probablemente hemos participado también en la situación de estar en un grupo de familia o amigos, y rechazar a alguien desconocido que se nos acerca a hablar, quizá de una forma que no consideramos adecuada por un matiz, o simplemente como método para reforzar los lazos con nuestro grupo.

En ese caso se da la paradoja del grupo unido que rechaza socializar con un extraño, y del extraño solitario que busca socializar. ¿Quién es más sociable, el grupo que rechaza el contacto o el solitario que busca relacionarse?.

No es fácil saber cuál es la respuesta correcta pero lo que sí es seguro es que es de enorme importancia conocernos a nosotros mismos por encima de las convenciones sociales para saber cuál es el grado de sociabilidad que concuerda con nuestra personalidad.

Es un arma de doble filo. Basar nuestra sociabilidad en las convenciones sociales y no en nuestra personalidad crea una infelicidad disfrazada.

Para esto es muy importante tener clara la diferencia entre individualismo e individualidad.

Lenguaje y Relaciones

Vivimos en una extraña época en la que las preguntas retóricas esperan respuesta.

La retórica hoy se confunde con la literalidad, sin embargo la retórica es un elemento muy importante del lenguaje.

Acabar con la riqueza del lenguaje comunicativo no hace más que complicar el diálogo.

La tecnología que nos rodea, de la que hablábamos arriba, ha condicionado nuestra personalidad de una forma muy marcada.

El sentimiento de pertenencia a un grupo como una comunidad que se ayuda mutuamente para buscar el bien común está deviniendo en comunidades cerradas cuyo fin es defenderse de enemigos inexistentes.

La búsqueda de reconocimiento y de refuerzo de unidad se basa cada vez más en crear un enemigo común y el diálogo entre ideas diferentes, en vez de buscar el entendimiento se destruye en la descalificación automática y la marginación de los grupos e ideas diferentes.

La simplificación de las corrientes diferentes a las nuestras hace que se cierre cualquier entendimiento posible. Todas las ideas tienen una razón de ser y los grupos que las defienden tienen alguna razón justificada para sus motivaciones. Cerrarse a entenderlas promueve su radicalización, lo que a su vez promueve su descalificación.

Nadie quiere sentirse ignorado.

La televisión se alimenta de los conflictos. Cualquier tertulia televisiva se basa en la confrontación. Ya sean tertulias sobre famosos o tertulias políticas, el formato es exacto.

A más confrontación más interés y con un dialogo basado en la búsqueda del entendimiento, hay muchas posibilidades de que se termine la confrontación.

Los personajes televisivos y famosos siempre han tenido una influencia más profunda de lo que nos gustaría sobre nosotros. Aunque nosotros nos los veamos, una gran mayoría de la sociedad sí los ve y los sigue y sus formas acaban calando en los usos sociales, ya sea de forma directa o indirecta.

Esto ha terminado creando lo que llamaré el Síndrome del Tertuliano.

Los tertulianos tienen el imperativo de quedar bien ante su audiencia. La forma más fácil de conseguirlo y hacer llegar su discurso es no seguir el hilo de un diálogo para poder difundir la idea preconcebida íntegramente y sin distracciones mientras el otro tertuliano espera (a veces pacientemente) a que el otro termine para hacer lo mismo.

El diálogo se convierte en dos monólogos.

Otros métodos muy comunes son hacer que lo que dijo el otro parezca otra cosa para poder justificar nuestro razonamiento sin necesidad de desarrollarlo, o simplemente decir lo que queda bien aún a sabiendas de que no es real.

Son tácticas que desgraciadamente van calando en los usos sociales y hace que nos acabemos relacionando sólo con quien piensa igual que nosotros, descartando a todos los demás.

El desarrollo comunicativo de las diferentes motivaciones pierde todo su valor. El buen diálogo es imprescindible para la buena socialización de la que hablábamos en el punto anterior.

Personalidad e Individualidad

Al principio de este artículo decía que todos tenemos nuestro propio sistema operativo individual, sin programas preinstalados. Podemos y debemos compartir nuestro software con quien tenga compatibilidad pero el sistema operativo es nuestro y de nadie más y hay que protegerlo para que siga siendo así.

Las relaciones sociales se deben de basar en ciertos elementos que tengamos en común, que sean de importancia para nosotros. Pero esperar que tengamos todos los elementos en común con el resto del grupo es algo imposible.

Si eso ocurre es que algo falla y no todos los elementos de nuestra personalidad son propios.

Así, en vez de tener una personalidad formada con nuestras propias piezas, la estaremos «chapuceando» con retales ajenos, con la intención de ser aceptados en un grupo. De la misma forma que hacemos con la vestimenta, con nuestros gustos musicales, etc.

La plenitud de la individualidad y la personalidad deben estar basadas en la libertad de entender y hacer las cosas a nuestra manera a base de la prueba, el error y el éxito, exactamente igual que el método científico.

Una corriente actual muy común a la que también bautizaré como el Síndrome del Experto choca frontalmente con este método.

Es como si tuviéramos prohibido realizar cualquier acción o incluso opinar sobre algo en lo que no seamos expertos titulados.

De la misma forma que hay personas que pretenden aparentar tener una información privilegiada que nadie más tiene, para no tener que desarrollar un razonamiento, igual que hablábamos antes sobre el diálogo.

No tener un título sobre algo en concreto no quita que no puedas tener una opinión formada honestamente sobre cualquier aspecto de la vida.

De ahí que me atreva a escribir este artículo sin ser psicólogo. Porque no encuentro respuestas en psicología que respondan a muchas de las preguntas que aquí me hago.

Y probablemente me equivocaré pero eso no me quita el derecho a opinar y a equivocarme, con el objetivo de buscar un conocimiento que no tengo a consecuencia de un diálogo creado sobre dicha opinión.

El pronunciamiento de una opinión, aún dicha como una afirmación, no debe ser tomada como una sentencia ni por el emisor ni por el receptor, para que se pueda formar una comunicación constructiva.

Cualquier desarrollo de la personalidad debería de llevar a cabo el sistema de prueba y error para encontrar el éxito de forma individual, aunque sea con cosas pequeñas e insignificantes.

Ya buscaremos el asesoramiento cuando lo necesitemos.

Pensar que, durante ese proceso, el error es un fracaso, es nefasto. El fracaso es no intentarlo por nosotros mismos anulando de antemano nuestra capacidad.

Deberíamos de estar educados para afrontar el éxito y el error.

Creo que para esto es imprescindible tener hobbys. Tanto para nuestro desarrollo intelectual como para ocupar nuestro tiempo en cosas que nos satisfagan.

Personalmente, tener hobbys me parece algo fundamental en una sociedad que disfruta de cada vez más tiempo libre.

El conocimiento se retroalimenta. Aprender algo sobre algún tema que nos interesa fomenta que queramos saber más.

Una consecuencia inequívoca del conocimiento es el abandono de la certeza sobre los aspectos finales del objeto estudiado.

Quien proclama certezas absolutas es quien lee memorizando pero no comprendiendo y analizando lo leído. Todo tiene algún matiz, aunque no se vea a primera vista.

Los hobbys fomentan nuestra creatividad y ayudan al desarrollo de nuestra personalidad como individuos, mientras nos mantienen alejados del apalancamiento del que hablaremos después.

Para esto también es fundamental pasar el conocimiento por el filtro de nuestro propio sentido común, que nos viene a todos como un extra, de regalo, y tiene como función servirse de él en nuestro propio beneficio.

Escala y Balanza

Tener una escala de valores bien formada es uno de los principales aspectos para desarrollar una personalidad propia pero preparada para la socialización.

Me gusta poner ejemplos coloquiales y que puedan ser conocidos por todos para intentar explicar lo que quiero decir, y aquí, quiero poner como referencia la genial película/novela «Matar a un Ruiseñor». Una auténtica joya que me gustaría reivindicar para este articulo.

En una de sus magistrales lecciones, Atticus Finch le explica a su hija que no puedes comprender a una persona hasta que te calzas sus zapatos y caminas con ellos.

Como escribí al principio, siempre hay que preguntarse el por qué y el por qué no.

Cada uno somos nosotros con nuestras circunstancias.

Los problemas de los demás son muy fáciles de resolver. Los complicados son los míos. Esa es la forma más fácil de pensar. La que nos convierte en seres antisociales y sin empatía aún estando rodeados de «amigos». El doble rasero.

Eso es lo que disuelve a las sociedades como comunidades heterogéneas pero que buscan el bien común, para convertirse en pequeños grupúsculos enfrentados por insignificancias cuando en realidad, somo todos iguales y nos comportamos igual pero sólo nos diferenciamos en el objetivo de nuestros odios.

Este punto nos lleva tanto al siguiente, como de vuelta al anterior sobre el lenguaje y las relaciones.

Espíritu Crítico

Como ya mencionaba en un pasado artículo sobre las consecuencias de la robótica, el espíritu crítico debe de llevar implícito el autocrítico. Si no, nos convertimos en las mascotas de algo o de alguien.

Eso convierte nuestra personalidad en un pozo negro de odio y amargura que irá fermentando con el paso de los años.

Todos buscamos referentes y a veces líderes, como veremos en el punto siguiente, sin embargo no podemos presumir de espíritu crítico si no lo aplicamos también a lo que nos gusta, a quien nos gusta y a nosotros mismos.

La autorrealización personal es imposible sin autocrítica. No puedes mejorar nada si piensas que no hay nada que mejorar. Y nadie es perfecto.

Nunca nadie alcanzará el nivel máximo de plenitud personal y de perfección pero todo lo que se avance hacia delante son kilómetros que se van sumando a nuestra experiencia vital y por extensión, al disfrute y aprovechamiento del tiempo que nos tocó vivir.

Referentes

Todas las sociedades tienen líderes y referentes históricos, sin embargo creo que no conviene confundir a las personas con sus actos. Ni para bien ni para mal.

Ser seres sociales nos lleva inevitablemente a tener influencias de las personas con las que nos relacionamos, igual que de nuestros líderes.

Una sociedad con líderes inmorales creará inevitablemente sociedades inmorales, condicionando nuestro entorno.

Los grandes oradores, independientemente de sus demás capacidades, tienen el poder de motivar a la sociedad.

Por poner un ejemplo por todos conocido (no quiero poner de ejemplo a líderes patrios de forma intencionada, que hay mucha crispación), el presidente estadounidense J. F. Kennedy, aún siendo un presidente con una gestión mediocre, fue un orador extraordinario e irrepetible, capaz de motivar a una nación entera en tiempos de enorme incertidumbre por la Guerra Fría y el temor a una guerra nuclear.

Queda como ejemplo su arenga en plena carrera espacial, cuando se disponían a enviar al primer hombre a la luna, diciendo: «lo vamos a conseguir no porque sea fácil, si no precisamente porque es difícil».

Aunque no seamos del todo conscientes, las arengas de los líderes carismáticos (no sólo políticos) calan en la sociedad e imprimen carácter como comunidad.

Tener líderes que sólo piensan en la confrontación, en la queja constante y en el cortoplacismo, crea sociedades decadentes.

Apalancamiento, Disposición y Realización

No sólo es importante haber conseguido ciertos objetivos, si no también tener la percepción de haber conseguido algo.

Como hablábamos en el capítulo de la personalidad e individualidad, sobre la prueba y el error para conseguir un logro, la prueba y el error son en sí mismos la consecución de un objetivo. Son los cimientos del logro posterior.

La parte más fácil de la vida es sentarse en el sofá a ver la tele o encender el móvil y dejar que piensen por mi. Que me entretengan.

Cuanto más te acostumbras a una cosa, más te cuesta dejarla. Eso lo sabemos todos.

La falta de disposición crea personalidades pasivas.

En realidad Internet pone infinitas posibilidades en nuestras manos y sin embargo las despreciamos en favor de lo que no nos aporta nada.

Tenemos una curiosidad innata que nos podría aportar grandes beneficios a nuestra personalidad y a nuestro bienestar.

Vuelvo al anterior tema de la importancia de tener un hobby. Pongamos por ejemplo que descubrimos que nos encanta la jardinería. No hace mucho tendrías que gastarte el dinero en un libro o asesorarte por alguien para que te inicie en el tema.

Hoy no tienes más que encender el móvil para que se te abra una enorme base de conocimiento que te ayudará a probarlo por ti mismo.

La satisfacción de haber conseguido algo por nosotros mismos es una sensación indescriptible y además, el hecho de haberlo conseguido te despertará el interés para ampliar tus conocimientos sobre el tema.

Y sin embargo perdemos ese tiempo en curiosear en la vida de los demás para preocuparnos por cosas banales que no aportan nada bueno a nuestra vida.

No deberíamos dejar que algo ajeno a nosotros llene nuestro tiempo libre.

Integridad, Honestidad, Justicia, Valentía y Honor

La falta de uso de estos nombres hace que tengamos una idea muy anticuada de su significado pero son la base de una personalidad con la conciencia limpia.

La conciencia es la mochila del siguiente punto.

Siempre tendrán valor más allá de las formas o de cualquier convención social a lo largo del tiempo. Son gratuitas y están al alcance de todos. Usarlas o no es algo totalmente voluntario.

Sin embargo hacer uso de ellas son la base de una personalidad firme y bien definida que hacen nuestra vida mejor, y la de los que nos rodean.

Me gusta hablar del «karma» no como una cosa mágica, si no como una consecuencia lógica de nuestras acciones.

Hacer algo bueno por los demás es en sí mismo una satisfacción personal, sin esperar nada a cambio. Es algo que llevamos dentro como seres sociales.

Todos tenemos clara la diferencia entre las cosas buenas y las cosas malas y sabemos sus consecuencias.

La Mochila

Las buenas acciones son ligeras y no pesan nada. Podemos llevar todas las que queramos. Son con las que construimos unos buenos zapatos que nos ayudan a recorrer el camino con comodidad y ligereza.

Las malas acciones pesan un quintal y se van amontonando en la mochila que llevamos a la espalda. Nunca desaparecen aunque se vayan escondiendo en los pequeños bolsillos y en los recovecos.

De nosotros depende qué elementos escogemos para hacer nuestro viaje.

Piensa qué te gustará llevar encima cuando estés llegando al final de este viaje porque la mochila no se vaciará antes de llegar al destino al que llegamos todos.

Y no se puede volver atrás.

Libertad – Felicidad

Con todo esto, mi conclusión es que la felicidad está en la mente.

Todo lo anterior te hace ser mejor persona, para ti mismo y para los que te rodean.

Podemos vivir momentos y situaciones felices pero son sólo eso, momentos felices. La felicidad se lleva dentro.

Tener una personalidad bien definida y compuesta y liberarse de prejuicios que nos inhabilitan como sujetos únicos e inigualables, es el secreto de la felicidad.

La sensación de tener una mente y una personalidad libres, es sublime.

Si nos tomamos la vida como un viaje por carretera al que cargar de experiencias positivas, llegaremos al final satisfechos de haber aprovechado nuestro tiempo. Porque es un viaje a contrarreloj.

Dejar que hagan las cosas por nosotros es como hacer ese viaje en avión aún sabiendo que el destino es el final, donde no hay nada más.

Componer mal las piezas de nuestra personalidad es como hacer el recorrido con un coche con todas las piezas pero sin montar, apiladas y acarreando de ellas.

Con todas las piezas montadas andaremos ligeros, dejando todo el tiempo para disfrutar de las situaciones del viaje y además podremos dejar un camino mejor para los que vengan detrás.

Como el Yin y el Yang, todos los conceptos vitales necesitan de su opuesto para tener un contexto y poder situarlos correctamente y ninguno de los dos tiene sentido sin el otro.

Igual que el bien pierde valor si no hace oposición al mal, la felicidad no tiene sentido sin la tristeza. Como cuentan en la genial película «Del Revés» (Inside Out), una obra maestra muy recomendada para niños y obligatoria para adultos, la alegría es el contrapunto de la tristeza y una no tiene sentido sin la otra. Ambas son necesarias en nuestra vida.

Sabiendo que el recorrido tendrá obstáculos muy difíciles de superar, llegar a ellos con la valentía y la entereza necesarias, y a poder ser acompañados, nos ayudará a superarlos y a reponernos de sus consecuencias.

Siempre perderemos a alguien por el camino; es algo inevitable.

Pero igual que nuestros padres y otras muchas personas hicieron sacrificios para facilitarnos a nosotros el camino, nosotros deberíamos facilitarlo también a los que vengan detrás y a nuestros hijos.

Deberíamos de pensar en nuestras acciones como algo que va a ir más allá de nuestro tiempo finito, no para que nos recuerden si no para hacer un bien a otros.

Ser agradecido y reconocer los logros de los demás, de una u otra forma acaba revirtiendo en nosotros para bien aunque sea con cosas intangibles. Perder el tiempo en nimiedades y en conflictos innecesarios no hará que funcione el botón de pausa; el tiempo seguirá corriendo.

Las cosas materiales están muy bien pero no nos hacen mejores personas de las que estar «auto-orgullosos»

Todas esas cosas materiales, la ostentación y la pomposidad, el egoísmo, el egocentrismo, la falta de empatía y todas las conductas antisociales ocultan complejos no superados.

Hacer frente a esos complejos y a las dificultades de la vida, y superarlas, es la forma más gloriosa de valentía y valor.

En resumen, creo que la felicidad consiste en estar placenteramente satisfecho contigo mismo y con tu libertad interior.

Buscar la felicidad en cosas externas a nosotros y en convenciones sociales creará personas infelices que culpan de su infelicidad a lo primero que se les ponga delante.

Tanto para las cosas buenas como para las malas, el fuego se apaga si no les das oxígeno, y se aviva si le das más.

No dejes que piensen por ti. Créate tu propio viaje del que puedas llegar al final orgulloso y no esperes para hacerlo porque nunca sabemos cuando se va a acabar.

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