Viena, capital de Austria, a orillas del Danubio y a los pies de los Alpes, tiene una población de algo más de un millón y medio de habitantes.

Los primeros asentamientos datan de alrededor del 500 a.c. por los celtas pero nace como ciudad a raíz de un campamento del ejército romano, quienes la llamaban Vindobona (Ciudad Blanca).

Hitler anexionó Austria al III Reich mediante un referéndum que dio una aprobación aplastante pero carente de garantías democráticas.

Durante la guerra contra el Reich, la ciudad fue bombardeada indiscriminadamente en varias ocasiones perdiendo buena parte de su patrimonio histórico y posteriormente ocupada durante diez años por el ejército aliado al terminar la II Guerra Mundial.

Hoy Viena es la tercera capital de la ONU después de Nueva York y Ginebra, lo que la hace una ciudad cosmopolita y forma parte de la UE, por lo que su moneda es el euro.

Es una de las ciudades con mayor calidad de vida del mundo, si no la que más y también es de las que más asilados políticos y refugiados acoge.

Todo esto hace que Viena sea una ciudad llena de vida, cosmopolita, amena, limpia y segura.

Es muy turística pero en absoluto caótica. Su casco antiguo es el principal reclamo, lleno de cafeterías donde tomarse un buen café vienés y por supuesto, lugares donde tomarse unas muy recomendables salchichas vienesas.

Si a todo esto le sumamos un auténtico portento arquitectónico, que es su principal seña de identidad, hace de Viena un destino del que realmente disfrutar.

En el casco histórico es realmente difícil andar más de cinco minutos sin encontrar algún elemento arquitectónico que te haga parar para admirarlo.

Si piensas hacer un viaje por carretera que incluya Viena o cualquier otro sitio de Austria en el itinerario, te puedo recomendar también la lectura de nuestro artículo Conducir por Austria.

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