El Largo Camino de Juan Broad. Segunda Parte

No es más que andar y pasar por sitios

Ed es un hombre muy pragmático. Escuchó paciente y educadamente cómo los hombres del banco le decían que la casa y la tierra ya no eran suyas y que debía abandonarlas.

Sabía que era completamente inútil debatir nada con ellos y no serviría para nada más que para encender una chispa en donde no hay nada que quemar.

A ellos les dieron veinticuatro horas para abandonarlo todo y marcharse, no sin la innecesaria y humillante amenaza de lo que pasaría si seguían allí pasado ese plazo.

Inmediatamente nos organizamos y nos pusimos todos manos a la obra para dejarlo todo listo, con la intención de salir antes del alba del día siguiente.

Pedro, el hijo mayor de los Mack, y yo, fuimos los encargados de ir a Williston a malvender todo lo que no podíamos llevar. Herramientas, aperos de labranza, algunos animales… Teníamos comida suficiente para dos o tres semanas pero necesitábamos juntar dinero para gasolina; todo lo que fuera posible. Es un viaje muy largo.

Ed, además de pragmático es un hombre muy previsor; a veces hasta el extremo. Parece que tiene planeado hasta lo que habría que hacer si cae un meteorito. En este mes nos rogó a todos toda la austeridad posible. Insistía en que no necesitábamos sólo comida y gasolina para el viaje, sino que una vez en California debíamos contar con la posibilidad de no encontrar trabajo durante un tiempo o incluso que encontrándolo, no fuera suficiente para subsistir.

No sé por qué insiste tanto en eso pero sé que su generación está mucho más preparada que la mía para sobrevivir ante las adversidades y el subconsciente me dice que ante la duda, deberíamos hacerle caso. Ya comentó varias veces sus dudas sobre la capacidad de un sitio para absorber a tal cantidad de gente en un espacio tan corto de tiempo.

Ya en Williston, no tardamos mucho en darnos cuenta de que hay una gran red de parásitos, seguramente repartidos por todas las ciudades de zonas agrícolas que, conociendo la urgencia de vender que tienen los desahuciados, ofrecen precios bajísimos a sabiendas de que serán aceptados por necesidad. Apenas se preocupan en disimular que andan al acecho, en busca de necesitados, y nos huelen a millas de distancia. Están perfectamente organizados y tienen el guion muy bien aprendido; todos el mismo.

En cuanto te detectan, se muestran claramente pero sin mirarte y cuando les ofreces, se comportan con aire de desinterés y mucho desdén para disfrazar los ridículos precios que ofrecen. A alguno su conciencia le delata y justifica su trabajo sin que se lo hayas pedido, para limpiar su conciencia.

Parasitos - El Largo Camino de Juan Broad. Segunda Parte
Composición 3D: Luis Polo

A la vuelta de la esquina se repite la obra al milímetro pero con otro actor. A ti no te queda más remedio que decir que sí porque lo que tú no aceptes lo aceptará el siguiente, tú no tendrás otro comprador mejor y es preferible poco que nada.

Cuando tuvimos todo vendido, ya entrada la tarde, nos sentamos a descansar y a fumar un cigarro. Aunque no sacamos un buen precio por ninguna cosa, entre las dos familias teníamos mucho para vender y conseguimos juntar unos cuantos dólares.

Al momento escuchamos murmullo de gente y vemos doblar la esquina a un grupo de unos quince hombres, granjeros, todos ellos vecinos nuestros, andando con rapidez.

Pedro se dirige a uno de ellos: —Hey Scott, ¿pasa algo?.

—¡Pedro, Juan!, — nos saludó —a Bert Crowder, el hermano de la secretaria del alcalde, le acaban de soplar que están en el Gran Teatro celebrando subastas de a penique*[Ver nota al final].

Ya estábamos al tanto de estas subastas. Varios granjeros de Minot que pasaron por aquí camino a California nos habían advertido.

—Vamos Juan — me dijo Pedro dándome una palmada en el hombro con el dorso de la mano —estos hijos de perra se van a enterar de a quién están tocando las narices.

Pedro es un buen chico, como toda la familia Mack y como la mayoría de todos los que componíamos el grupo pero nunca sabes como va a reaccionar una persona cuando le quitas todo y además la humillas. Nada bueno puede salir de ahí. Los ánimos están muy encendidos.

Al llegar al teatro vemos que un nutrido grupo de policías está guardando la entrada. Algunos son conocidos porque son locales pero la mayoría son completamente desconocidos. Seguramente habrán pedido refuerzos. En su expresión se ve también la diferencia. Williston es una ciudad pequeña y tranquila; no necesita muchos agentes y los pocos que hay están perfectamente integrados entre la población. Hay muy buena relación con ellos y su expresión es comprensiva y pacificadora. Los de fuera tienen una expresión agresiva y prepotente.

Al acercarnos a la entrada, el ayudante del sheriff, el Señor Beaumont, amigo de toda la vida de Ed Mack y de padre, da unos pasos y se dirige a los que llegamos: —¡Vamos, por favor, váyanse a casa, aquí no hay nada para ustedes!.

Alguien a mi espalda le replica: —¡Si tuviéramos una casa a la que ir no estaríamos aquí!.

—Todos sabéis lo que está pasando aquí — contesta el ayudante —y va a seguir su curso por las buenas o por las malas. No va a beneficiar a nadie que vengáis aquí. Por favor, no busquéis problemas.

El señor Beaumont se acercó a Pedro y a mi: —Vamos chicos, os conozco desde que nacisteis, vuestras familias no se merecen que os metáis en problemas. Juanito, tu madre os necesita más que nunca a todos los hermanos junto a ella; no le hagas esto.

—Sólo queremos saber cuanto vale para el banco expulsar a una familia de su casa y de sus tierras — exclamó alguien a mi espalda.

—¿Acaso es una subasta privada? — preguntó otro —Si no es privada tenemos derecho a entrar. Es un edificio del condado.

Tras unos segundos de inquietante silencio, uno de los policías de refuerzo, con las venas hinchadas como tuberías, gritó: —¡Largáos de aquí, malditos comunistas agitadores! —. Esa fue la chispa que prendió la llama y se armó un barullo de gritos e insultos frente al agente.

El señor Beaumont y otro guardia local que estaba a su lado se giraron para mirar hacia allí y al instante, alguien que estaba a mi espalda lanzó una tabla que impactó debajo de la oreja del ayudante, que le hizo tambalearse y caer al suelo. Instantáneamente ambos miraron hacia mi fijamente, el señor Beaumont negando con la cabeza con cara de decepción, y ambos se lanzaron hacia mi, cada uno agarrándome de un brazo. No se por qué entre tanta gente miraron hacia mi. Creo que inconscientemente alcé la mano como para pedir que nadie lanzara nada más y ese gesto, visto con la mano ya en alto pareció otra cosa desde el punto de vista de los policías. Todo fue muy rápido.

El caos fue total a partir de ese momento y me es imposible detallarlo. Porras, palos, patadas, puñetazos y narices sangrando.

En un momento alguien tira de mi separándome de la batalla. Es Pedro que me dice al oído: —Lárgate de aquí. Rápido. Vete o te cargarán todo esto a ti. Espérame en el granero del cruce de Judson. Si no voy antes del anochecer es que me han encerrado. ¡Corre!.

El granero del cruce de Judson, abandonado desde sabe Dios cuando, era una especie de lugar secreto desde la infancia, nuestro, de los Mack y de otros chicos de la zona. Allí es donde todos disfrutamos de nuestras primeras borracheras, en todos los casos seguidas de unos buenos azotes por parte de nuestros padres, y a donde volvíamos para comentar el castigo sufrido con orgullo, como un rito de iniciación que nos daba acceso a la edad adulta. Por las noches, muchos, con alguna chica nos estrenamos allí en el mundo del amor. Lo comentábamos antes para chulearnos de nuestro inminente logro pero en realidad era un aviso para requerir intimidad esa noche. Todos lo respetábamos como si fuera un pacto de sangre.

Como nunca causamos problemas, casi nadie sabia que ese era nuestro lugar de reunión salvo algunos padres especialmente controladores.

Ya en el granero, las horas pasaron muy lentamente. A cada momento miraba por las rendijas esperando ver aparecer un ejército de policías armados hasta los dientes. Mezclar la espera con la incertidumbre es desesperante y la mente se inclina hacia la peor situación, como si se preparase para hacer frente a una gran decepción. Como las cosas buenas no necesitan preparación mental previa, el temor campa a sus anchas para tomar el control y llevarte a tomar malas decisiones.

Granero - El Largo Camino de Juan Broad. Segunda Parte
Composición 3D: Luis Polo

Si hubiera hecho algo malo me entregaría sin dudarlo pero no lo hice. Podría hablar con el Señor Beaumont; sé que es un hombre razonable pero con la que se desencadenó creo que no estará para debates. Parecía enfadado como nunca lo había visto. Ninguna decisión es la correcta, sobre todo teniendo en cuenta que desde mañana por la mañana ya no tenemos lugar aquí donde quedarnos.

Con cada grillo que escucho, cada bicho que se mueve o hace algún ruido inesperado, los músculos de la cabeza se me tensan como si quisiera levantar las orejas como un animal, para agudizar el oído.

El sol ya está muy cerca del horizonte y todo se tiñe de un rojo anaranjado que hoy me parece apocalíptico. Cualquier otro día esto sería la paz y el bienestar absoluto después de un día de duro trabajo pero hoy es insoportable.

Cuando ya casi estoy dando por hecho que han cogido a Pedro, veo una figura moverse, andando rápido hacia aquí. Con la escasa luz que queda no lo puedo reconocer pero no parece que vaya vestido de policía y a cada momento mira hacia atrás, como para asegurarse de que no le siguen. Sin duda es él.

Cuando por fin entró, me alegré de verle como lo haría un náufrago recién rescatado y me puso al tanto de la situación:

—Han cogido a cuatro como cabezas de turco pero seguramente sólo pasarán la noche en el calabozo. La cosa al final no ha ido a mucho más y no hay heridos graves. Los polis de aquí la verdad es que se han portado; han sabido contener la furia de los refuerzos, si no se habría armado bien gorda. Pero el Señor Beaumont nos ha advertido sobre ti y saldrán a buscarte. Tiene intención de cargarte a ti con todo lo ocurrido hoy; está muy enfadado.

—No podría haber sido en peor momento — contesté.

—La verdad es que no. — dijo Pedro —Hoy es tontería pero mañana, cuando abandonemos la casa, vendremos a la cuidad y le hablaré en tu favor, a ver si está más calmado. Somos muchos los que vimos que no fuiste tú el que lanzó la tabla pero entonces nos pedirá que delatemos al que lo hizo y eso no va a pasar por lo que yo, si fuera tú, no me quedaría esperando justicia. Tampoco vayas por la casa esta noche; la estarán vigilando.

Tras unos segundos de silencio, decidí que lo mejor para todos era optar por una solución drástica.

—Bueno, — le dije —no hay solución buena y no hay necesidad de darle más vueltas; las familias no deben cargar con esto dada la situación. Marchaos y yo me iré por mi cuenta. Dile a má que iré a casa del tío Jeff, en Kings Beach.

—¿Dónde es eso? — me preguntó.

—En el lago Tahoe, nada más entrar en California, en dirección San Francisco. Fuimos allí a pasar un verano uno o dos años antes de que muriese pá. Plantéale a tu padre la opción de ir más al Norte de lo previsto; creo que incluso le gustará la idea. Mi familia hará caso de su decisión; todos lo respetamos mucho. Estoy de acuerdo con él en que en el Sur, aunque haya mucho más trabajo para gente de campo, podría estar completamente saturada…

—Para, para, para — me interrumpió bruscamente Pedro —¡pero eso es una barbaridad!, ¿cómo vas a ir por tu cuenta tan lejos?, ¿estás loco?. Pensé que te referías a salir por tu cuenta del condado, o como mucho del estado. Mira, te esperaremos en East Fairview. Ya estaremos en el estado de Montana y no te llevará más de dos o tres días llegar.

—Pero entonces, si han dado el aviso y nos paran, estaréis ayudando a un fugitivo. No quiero cargaros con eso de ninguna manera. Las familias no están en situación de soportar más cargas. Se que parece una barbaridad pero al final no será tanto. No debo pensar en la distancia que hay sino día a día. No es más que andar y pasar por sitios. Más que por el tiempo que lleva no tiene nada de particular. Y cuando esté ya un poco lejos de aquí, le pediré a un conductor que me lleve hasta la siguiente ciudad, y luego otro hasta la siguiente más, y luego caminaré otra vez… Cuando pueda me colaré en algún mercancías y podré avanzar mucho. Llevará mucho tiempo pero no será tanto como parece ahora. Andar y pasar por sitios; nada más.

Pedro hizo un gesto de desaprobación pero no dijo nada. Creo que entiende que, por más que parezca una locura, ninguna de las dos familias está en situación de relacionarse con un fugitivo. A ellos probablemente no les acabaría pasando nada pero acabarían perdiendo el poco dinero que tenemos. Ya sea en una multa, una fianza, un abogado… Ya sabemos como funciona el sistema y todo acaba terminando en un pago de dinero; en el equivalente a un soborno pero con nombre administrativo.

Luego añadí: —Má entrará en cólera cuando se lo digas pero no le permitáis que actúe sin pensar; es capaz de organizar un ejército contra la Unión. Dile lo que yo te he dicho a ti; ella me conoce mejor que nadie. Andar y pasar por sitios. Quizá sea mejor que hables antes con mis hermanos y tracéis una estrategia para decírselo. Tú sabes que esta es la mejor opción, ¿verdad?.

—Quizá sea la menos mala — contestó, no sin antes dudarlo un instante.

Tras unos segundos de silencio, Pedro sacó el dinero que nos sacamos en la venta de todo el día y empezó a contar billetes y monedas y al final, añadió: —Bien, hoy nos hemos sacado un poco más de veintitrés dólares. Sé que tanto tu madre como mi padre tienen ahorrado para llegar sin mayor problema y aguantar algunas semanas más, si no hay imprevistos. Llévate estos doce dólares; te serán de mucha ayuda si sabes sacarles partido. — inmediatamente me miró fijamente y añadió: —Y no me digas que no. No te vas a ir con los bolsillos vacíos.

—Gracias Pedro — le contesté.

—Yo ya tengo que volver antes de que los que estén rondando la casa empiecen a sospechar — dijo él. —Duerme un par de horas y márchate. Cuanto antes mejor. Aprovecha la noche para alejarte de aquí.

Nos despedimos y se marchó. Yo me tumbé de espaldas pero sin intención de dormir. Quiero salir lo antes posible pero necesito disfrutar de unos minutos de relajación después de tanta tensión acumulada durante horas. Me hubiera gustado saber, cuando salimos de casa por la mañana, que iba a ser la última vez que iba a ver a mi familia durante muchas semanas; probablemente meses. Ya casi se está empezando a convertir en costumbre que nuestras vidas cambien radicalmente en una sola mañana.

Tras una media hora, me levanté y emprendí camino con lo puesto, un poco de tabaco y doce dólares en el bolsillo para recorrer más de mil millas. El frescor de la noche aprieta pero no hace viento. Caminando rápido se hará soportable. A pesar de todos los males, tal y como han sido estos últimos años, no me parece nada mal la idea de abandonar Williston y comenzar de nuevo en cualquier otro lugar.


* Subastas de a penique (penny auctions): Los bancos, con urgente necesidad de liquidez por la Gran Depresión, celebraban rápidamente subastas de las tierras recién adquiridas a los desahuciados. Al igual que los desahuciados se veían obligados por necesidad a vender sus bienes sobrantes a precios ridículos, otra red de compradores se aprovechaba también de la necesidad de los bancos para ofrecerles precios ridículos por las tierras subastadas. Estos precios fue lo que popularmente les dio a estas subastas el nombre de «penny auctions» y provocó la ira de sus antiguos propietarios, que se sentían insultados al ser expulsados de sus tierras por esos absurdos precios. Esto provocó una avalancha de protestas y muchos disturbios por todo el país.

Continuará

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